La edad es un concepto obsoleto: Midorexia

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Excelente artículo aparecido en “El País”, basado en un whitepaper publicado por la consultora Euromonitor, “Top 10 Global Consumer Trends for 2017”, en el que se explican los cambios sociológicos que se están operando en nuestra sociedad, con la edad como protagonista (la prolongación de la edad y la salud están cambiando muchas cosas que conviene analizar):

Instagram suele ser un buen termómetro para medir las tendencias. A más apoyo hacia una foto, más consenso en torno a la idea de que representa lo guay, lo cool, lo aspiracional. Gracias a la red social de las imágenes montones de personas con algún kilo de más se animaron a hacer yoga sin ningún tipo de pudor, descubrimos que hay un pequeño pueblo en Austria al que siempre quisimos viajar sin saberlo y que los huevos batidos al horno, no solo son preciosos, sino además ligeros. La última pista que nos dan estas fotos compartidas con la comunidad es que se puede apostar por físico, la salud y el máximo bienestar, independientemente de la edad: ya no se encumbra a los millennials por el mero hecho de serlo, sino que se trata de atesorar otras cualidades que no constan en el DNI. Ni se las espera.

El ánimo por despojar de la connotación negativa al término cincuentón (y en adelante) se refuerza. No en vano, el informe 10 Tendencias Globales para 2017, publicado por la multinacional de estudios de mercado Euromonitor International, pone de relieve cómo se configura una “economía de la longevidad” que ayudará a seguir borrando los límites entre las generaciones. Porque, poco a poco, el comportamiento de los “adultos”, de aquellos que ya han vivido más de medio siglo, se parece más al del consumidor joven. A nadie le disgusta la buena vida y todo el mundo se resiste a conformarse con hacer “cosas de gente de su edad”. La tendencia tiene incluso un término: midorexia. Acuñado por la periodista británica Shane Watson, se define como “la creencia de que no solo se puede ser atractivo para siempre, sino que, de hecho, la edad nos convierte en personas todavía más seductoras y sería un crimen no aprovecharnos al máximo de ello antes de que sea tarde”.

Y eso se nota, y se explota, en casi todos los aspectos de la vida. Las barreras de la edad se diluyen en lo que a relaciones, belleza, moda o deporte se refiere, porque los años, como hasta ahora estaban concebidos, ya no existen.

“El deterioro físico obedece más a factores ambientales y a hábitos de vida que al envejecimiento real”, constata el divulgador científico Darío Pescador, que ha plasmado la técnica del biohacking (gestión de la propia biología a través de técnicas médicas, nutricionales y electrónicas) en su libro Operación Transformer. “Con ella, te das cuenta de que cualquiera puede estar en una forma física envidiable, tenga la edad que tenga, y de que no existen deportes para jóvenes y deportes para mayores”, explica: “Practicar cualquier deporte de forma inteligente, en la medida de las posibilidades personales y sin fijarse en el año de nacimiento, no está prohibido para nadie y, de hecho, es más que recomendable”. No hay más que detenerse en casos como el de Madonna Buder, La Monja de Hierro,que completó junto a decenas de jóvenes su primer triatlón con 65 años, y fue reconocida con el récord mundial de la persona más longeva en completar un Ironman… habiendo cumplido los 82.

Madres e hijas que comparten ropa

Fiel reflejo de esta tendencia son las cada vez más habituales campañas publicitarias de firmas de moda, cosmética o bebidas, que dejan poco a poco de establecer diferencias por segmentos en su público. Lara Cereza es experta en moda y tendencias y actualmente trabaja en Londres para una firma de diseño internacional. Desde allí, ha vivido estos cambios de paradigma y ha comprobado como “muchas marcas abogan por una moda indistinta para madres e hijas, enfocadas al 100% a poder compartir las últimas prendas sin que nadie se sienta fuera de lugar”. Recuerda que algunas de las mujeres más influyentes del mundo de la moda, como María Grazia Chiuri o Anna Wintour, superan los 45, y se sientan junto a veinteañeras, sin que nadie en el grupo destaque. “Las campañas diferenciadas dependiendo del consumidor han cedido terreno a las que difuminan los estereotipos relacionados con la edad”, zanja.

La gastronomía también sabe dirigirse a todo aquel que busca probar y degustar, a los que encuentran en la comida y la bebida la mejor forma de disfrutar de la vida, sin contar canas ni arrugas. La última campaña de San Miguel 0,0, con su iniciativa #CaminoABienestar, es un ejemplo claro: un recordatorio de que nunca es tarde para empezar a cuidarse, y que se puede gozar haciéndolo, en un camino propio que cada uno debe encontrar.

Juan Luis Saldaña es director de estrategia de Relevant.Ninja, empresa especializada en marketing e imagen de marca. Y lo tiene claro: “Si ahora vivimos más y llegamos a determinada edad en muy buenas condiciones, es lógico que queramos seguir viviendo plenamente”. Asegura que las marcas son, muchas veces, las primeras en propiciar estos cambios de concepto, dado que se dan cuenta de que los adultos son un público al que tener presente porque “lo más probable es que tengan una economía saneada y que sus ganas de viajar, de conocer, de probar y experimentar, igual que las de la gente joven, sean muy altas”.

Un bienestar nuevo e integrador

“La jubilación ya no genera viejos, sino gente en plenitud de forma física, ávida de nuevas vivencias”, comenta Pilar Rodríguez, presidenta de la Fundación Pilares, enfocada a la búsqueda de autonomía personal. En su estudio Envejecer sin ser mayor ha constatado que los adultos de hoy, los que ya han pasado la cincuentena, “se reconocen en una etapa vital en la que tienen a su alcance muchas opciones de crecimiento personal” y, además, “ningún joven se extraña. La mayoría tienen la suerte de tener abuelos no demasiado mayores y los ven como personas activas, implicadas y alejadas de los estereotipos clásicos”. Por eso, ya casi nadie dice aquello de “es demasiado mayor para…”. Vestir vaqueros ajustados, montar en globo, merendar pizza… ¿qué más da? El bienestar en un estadio abierto e integrador.